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Bolivia: un futbol de desigualdades

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20 July 2011 3,442 lectores 2 Comentarios

El 25 de julio de 1993 era una tarde de pleno sol y con un infaltable cielo azul, típico escenario invernal en La Paz. En el estadio Hernando Siles, a lleno completo y sin que circule un solo auto por las calles del país, la selección de Bolivia jugaba con Brasil por las eliminatorias al mundial de Estados Unidos del siguiente año.

Transcurría el minuto 88 y el partido se iba cerrando 0 a 0. “Platini” Sánchez había dejado la cancha minutos antes ahogado en llanto tras haber errado un tiro penal para los locales. Sí, un penal contra Brasil,  equipo que duró invicto más de cuatro décadas de partidos de eliminatorias mundialistas. En la banca, casi afónico, “el bigotón” Azkargorta, un ‘desconocido’ vasco que imponía un fútbol corajudo y actuaba más como sacerdote misionero que como técnico, no se rendía y seguía dando instrucciones.

Brasil pierde la pelota en ¾ de cancha y en un furibundo arranque “el Diablo” Etcheverry, ídolo del fútbol contemporáneo boliviano, llega por la punta izquierda al filo del área contraria y la línea de meta y, sin ángulo posible, presionado por la marcación de un defensor brasileño, saca un mediocre disparo bajo hacia el centro del arco, como implorando por la aparición divina de algún compañero. Nadie llega y la pelota pega en el botín del portero Tafarel antes que éste la “embolse”, ingresando limpiamente por el centro del arco.

 

Ese gol fue épico. Todos gritaban, todos nos abrazábamos, algunos no lo creían. Partidos más tarde clasificamos al mundial y la euforia social fue única. El fútbol demostró una vez más que, en Bolivia, es uno de los principales referentes de agregación e identificación nacional, despierta el orgullo y agrega en un sentido colectivo común. Esto no es menor.

El fútbol es además un comunicante muy potente en el tejido social boliviano, a toda escala y entorno. En el área rural, por ejemplo, la cancha es un espacio de socialización y reafirmación de las autoridades locales, sirve como catalizador social entre comunidades mediante intensos y recurrentes campeonatos. De hecho, no debería sorprender que el mismísimo presidente de Bolivia, Evo Morales –fanático del fútbol– comenzara su carrera política como dirigente deportivo de una subcentral sindical cocalera.

En las ciudades, sobre todo en las de mayor peso económico y político, se concentra el fútbol ‘formal’. Ahí encontramos a los equipos profesionales, las (escasas) académicas de formación, la atención de prensa, en fin, el fútbol que busca ‘proyectarse hacia afuera’, el negocio grande del fútbol, y que justamente está plagado de recurrentes fracasos. Eso sí, en cada esquina de barrio, en los pronunciados desniveles de las laderas de La Paz, cerca de los pajonales o de cualquier planicie de las llanuras orientales, o en cada rincón del país se ven niños, jóvenes y adultos pateando una pelota, un trapo o incluso una botella plástica.

Los clubes, agrupados en una liga con doce equipos profesionales, luchan también con el embate de la globalización del fútbol liderados por una dirigencia mediocre y fragmentada. La economía del país impide siquiera competir con los volúmenes de dinero que se manejan en las contrataciones en la región y los pocos futbolistas nacionales que muestran un juego distinto tienen en mente salir lo antes posible, literalmente, a donde sea.

Y es que el fútbol como fenómeno social no es ajeno a las asimetrías ni desigualdades del país. Bolivia es el más pobre de Sudamérica, aún con alta desnutrición y mortalidad infantil[1] y con una escolaridad básica que hasta hace muy pocos años supero 90%, condiciones que son más drásticas en el área rural. Los campos y escuelas deportivas son escasas y el incentivo al deporte insuficiente. Éstas son condiciones por demás desfavorables para insertarse en la competencia de alta exigencia en cualquier deporte.

En ese contexto, hacen la diferencia la academia de fútbol Tahuichi Aguilera[2] y la escuela de fútbol Enrique Happ, de Santa Cruz y Cochabamba, respectivamente. No es extraño, por tanto, que prácticamente la mayoría de los jugadores del seleccionado, de los equipos de la liga nacional, así como casi la totalidad de los jugadores que emigran al exterior y, ni qué decir de los referentes del fútbol de las últimas décadas, provienen de ambas escuelas.

Sin embargo, la afición boliviana convive con esas adversidades sin contaminar demasiado su pasión futbolera con ocasionales “infladas de pecho”. Para muestra un botón: en la reciente Copa América 2011 casi le ganamos a Argentina, un adversario al cual siempre le tenemos ‘ganas’. El ‘casi’ nos alcanza, con un “gol de mierda”[3], y mucho más con el topetazo frente con frente cual bravo carnero, entre primer central de Ráldes y el mismísimo Lionel Messi en aquel partido. Perdimos luego, quedamos fuera, pero aquella noche del viernes 1ro de julio la alegría era grande, casi tanto como el “histórico” 6 a 1 del 1 de abril de 2009 a la misma albiceleste: Maradona en la banca, Messi y cia. en el campo del Siles.

La fanaticada futbolera boliviana es tranquila, tradicional y hasta cándida. Las rivalidades son claras pero por lo general no hay gran violencia entre las barras, las familias aún asisten a los estadios y éstos se llenan de vez en cuando, algunos demandan “sudar la camiseta” aun sabiendo que esto es un gran negocio del que somos un apéndice marginal como fanáticos y espectadores.

Finalmente. En Bolivia, nuestra historia futbolera se construye de algunas hazañas y esporádicos triunfos.

Aún añoramos “al maestro” Víctor Agustín Ugarte que nos condujo a ganar nuestra única Copa en el Sudamericano –así se llamaba entonces la Copa América– en 1963. Todavía se recuerda la potencia y sagacidad de Aragonés, delantero del Palmeiras brasilero, la calidad de Ramiro Castillo, Milton Melgar y “Chichi” Romero quienes no soltaban la titularidad de Boca, River y Quilmes en los años ochenta. Y claro, la gambeta del “diablo” Etcheverry que junto a la hasta ahora inigualable selección de 1993-4 nos sigue recordando que sí se puede, aunque cada vez parezca más difícil.

 

[3] Palabras literales de Messi: http://www.goal.com/es-us/news/2270/copa-am%C3%A9rica/2011/07/02/2557514/argentina-nos-sorprendieron-con-un-gol-de-mierda-dice-un-enojado- (si hay alguna restricción por el término sugiero alternativamente “mier…”)

 

 

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Boliviano, comunicador político, investigador académico y observador de procesos socioculturales. Me intereso por la ritualización de prácticas políticas, el discurso político, la web 2.O para la transformación social.

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Comments

2 Comments »

  • Tambo2011 said:

    Había que preguntarse porqué el futbol despierta en nosotros un esquivo sentido aglutinante, sentido de pertenencia y asociatividad? No trae, sin embargo, un sentido de identidad, sino de sobrevivencia. Muy distinto.
    No se trata de que nos veamos definidos por el fútbol. Es más acerca de que todavía éste nos permita avivar las esperanzas de que, como colectivo, hacemos algo de sentido de propósito, de que el colectivo tiene alguna proyección en la historia, de que no somos una asociatividad por descuido, de que valemos algo sea el criterio que sea.
    Si nuestro fútbol tendría un carácter marcado de tipo social como aquel de Brasil que se gesta en sus calles, playas y favelas engendrando cracks por doquier; o de tipo sistémico-académico como el de Holanda , entonces diríamos que ese contexto operativo social-comercial es una hechura y manufactura de nuestra sociedad en cuyo reflejo nos vemos. Pero no es así. Nuestro fútbol se debate en el caos, en la amorfia, desorganización, desestructura, aprovechamientoi egoista, falta de liderazgo y propósito.
    Más allá de los sucesos episódicos de alegrias, nuestro fútbol pone en manifiesto a una sociedad que no se encuentra consigo misma, ni en un sentido de propósito, ni una visión, ni un intención integrada.

  • Jariveroaban said:

    Comparto que el futbol es un
    fenomeno social y de asimetrias economicas – sociales y de otra latitud, pero
    en la cancha, juegan los futbolistas y la suerte, una mezcla de cal y arena, no
    quiero decir que el futbol es un “calicanto” sin embargo, viejos apostadores
    por la “pasion de multitudes” afirman que no hay lògica en el futbol, para
    muestra basta un botòn y en la Copa Amèrica que se esta jugando en la Argentina
    la selección del Paraguay que no gano un partido sin penales es probable que logre con otro empate el campeonato del certamen.
     

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