Me gradué de la carrera de Periodismo y Comunicación, en la Universidad Autónoma de Querétaro, con el único propósito de tener un oficio que me permitiera escribir. Cuando migré al Distrito Federal, me enfrenté a una disyuntiva: soñar o comer. Opté por lo segundo y trabajé en publicidad, de la que escapé a tiempo. Ahora, gracias al poder de la tozudez, soy la editora de la revista El Chamuco, pináculo de la sátira rojilla y mala leche. Escribo guiones por encargo (cómicos y aburridos), corrijo libros por comida, asisto producción de poco pelo y, en general, soy un ejemplo de que el freelance deja. Mi única vocación, sin embargo, es escribir.
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