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Los caminos de los chochos (nicaragüenses) a Tiquicia (Costa Rica)

Por noviembre 3, 2010 agosto 16th, 2019 2 Comments

Comúnmente, al menos en este continente, cuando se habla de migración uno piensa inmediatamente en mexicanos cruzando hacia Estados Unidos. Esto porque México proporciona la mayor parte del volumen de inmigrantes en ese país y porque Estados Unidos es el destino más común para casi 110 millones de mexicanos. Sin embargo, aquí hablaremos de la migración de ciudadanos de Nicaragua a Costa Rica.

Centroamérica es una región que desde los setentas hasta principios de los noventas estuvo en conmoción social por las diferentes guerras civiles que se dieron en Guatemala, El Salvador y Nicaragua. Estos procesos sociales, por supuesto, implicaron movimientos migratorios, sobre todo hacia Estados Unidos y México.

Sin embargo, el ajuste estructural económico, la paz y la instauración de la democracia se vivió con la  reconstrucción, de manera emblemática pero apurada, que la región centroamericana experimentó a partir de los noventas. Todos estos cambios conllevan a  nuevas formas de migración, donde lo político pesa menos y  las razones económicas participan más.

El caso de Nicaragua es bastante singular. Es la nación menos densamente poblada y la de mayor extensión territorial en Centroamérica. Este país es conocido por su revolución, pero también por su producción cultural.  “Pobre la María, ay, ay, y su fantasía… que la capital era lo mejor pa’ salir de pobre”, dice Luis Enrique Mejía Godoy, quien retrataba a mediados de los noventas la experiencia de mujeres que -como en muchos países latinoamericanos- empezaron a movilizarse para trabajar como empleadas domésticas. A casi quince años, las cosas han cambiado. Cual relevo generacional, los sobrinos de los Mejía Godoy cantan a sus propios contemporáneos “Quiere tu país, quiérelo, quiérelo”. Un país pobre, desarticulado, pero pacífico. Y una migración que  no sólo incluye a Marías que salen a trabajar a la capital, sino nicaragüenses que se movilizan a Panamá, El Salvador y, sobre todo, a Costa Rica.

Actualmente, después de un gobierno de derecha y con el re-arribo de Daniel Ortega, Nicaragua es un país que, de acuerdo a datos de CEPAL (2009), durante la década de los noventas tuvo  una tasa promedio de crecimiento de la producción de 1.9%, más baja que la tasa de crecimiento de la población (2.2%), lo que significó un estancamiento de la productividad por habitante y de los ingresos per cápita. Este desempeño fue de los peores de la región.

Mientras tanto, a Costa Rica se le ha dado por llamar “La Suiza Centroamericana” y no es un apodo que  se haya afamado a base de leyendas. Para 2009, Costa Rica se situó en el lugar 54 del ranking del Índice de Desarrollo Humano elaborado por Naciones Unidas, aventajando por mucho otros países de la región y de América Latina, inclusive. La plaza nicaragüense ocupó el puesto 124 en el mismo ranking.

Según el Censo de Población del año 2000, en Costa Rica se encontraban residiendo casi un cuarto de millón de nicaragüenses. Costa Rica es por tanto un país receptor de población y Nicaragua (como el resto de la región centroamericana) es un expulsor. En términos netos, de Nicaragua salen 7 de cada mil habitantes; mientras que en Costa Rica llegan 9 por cada mil, según las Naciones Unidas.

Así, una de las primeras ideas que pueden explicar esta migración centroamericana es la diferencia de Nicaragua y Costa Rica en términos de desarrollo. Sin embargo, cabe preguntarse: ¿estos flujos son un fenómeno nuevo?, ¿o hay una línea familiar en este fenómeno como lo hay en la música de los Mejía Godoy?

La situación política ha jugado, por ejemplo, un papel importante en los volúmenes y -sobre todo- en la composición de la migración nicaragüense a Costa Rica. En el libro La diáspora de la posguerra: regionalismo de los migrantes y dinámicas territoriales en América Central, publicado en 2007 por FLACSO Costa Rica, Abelardo Morales  habla de tres movimientos en la historia migratoria entre estos países.

El primer movimiento se dio durante la segunda mitad de los setentas y estaba asociado a la situación política: se trató de un flujo migratorio homogéneo, donde predominaban figuras destacadas de la elite política, profesional y académica de Nicaragua. Prácticamente todos eran detractores del régimen dictatorial de Anastasio Somoza.

El segundo flujo se daría también por razones políticas, pero en “sentido contrario”. Con la llegada de los sandinistas, los que apoyaban a Somoza salen de Nicaragua y buscan otros lugares, entre ellos la nación costarricense. Así, Morales (2007:43) explica que “se estima que en Costa Rica estuvieron asentados unos 250 mil nicaragüenses, aunque el número de aquellos que alcanzó el estatuto de refugiados representaba apenas del 10% de esa cifra global”.

Finalmente, Morales señala que hay un tercer movimiento que se da desde los años noventas. Si bien éste tiene comportamientos más heterogéneos que los anteriores (más razones económicas que antes), la dimensión política sigue siendo importante.

Funkhouser, Pérez Saínz y Sojo, en el informe para el BID titulado “Social Exclusion of Nicaraguans in the Urban Metroplitan Area of San José”, explican que en este último movimiento, la migración nicaragüense a Costa Rica tiene otro perfil. Por un lado, ésta tiene un menor costo económico y psicológico en comparación a la que va a Estados Unidos y, por otro, la nueva característica de esta migración es que es temporal -a diferencia de los refugiados políticos que lo hacían de forma permanente.

En este sentido, la migración de esta última data está relacionada con los trabajadores agrícolas temporales, más parecidos a las Marías que a los refugiados políticos. Esta temporalidad hace que la migración tenga un nuevo carácter: se trata de personas que no cortan su vínculo con el país de origen y que generan dinámicas culturales y construcciones sociales de individuos que viven entre los dos países.

En otras palabras, cada vez más la migración se va viendo como un fenómeno multidimensional. Así, es difícil concluir si el migrante lo hace exclusivamente movido por razones económicas, como parte de una estrategia familiar, porque la demanda laboral lo induce, o porque hay una causa política.

La migración, el ir o venir de un país a otro, no se hace en abstracto, se da dentro de relaciones sociales y prácticas trasnacionales. Siguiendo los planteamientos de Funkhouser, Pérez Saínz y Sojo, al igual que los de Morales, no se puede negar que hay una exclusión social que pueden experimentar estos migrantes, sobre todo cuando la ciudadanía y los derechos que ella implica se definen por límites geográficos.

Referencias:

Funkhouser, E.; Pérez Sáinz; J.P. & Sojo, Carlos. “Social Exclusion of Nicaraguans in the Urban            Metroplitan Area of San José” , en Jere Behrman, Miguel Szekely, and Alejandro Gaviria       (coordinators), Social Exclusion:  Who is In, Who is Out, and Does it Matter?, Inter-American                       Development Bank, 2002.

Morales Gamboa, A. (2007). La diáspora de la posguerra : regionalismo de los migrantes y dinámicas territoriales en América Central. San José Costa Rica: FLACSO-Costa Rica.

Naciones Unidas. (2009). HDR Tables. Recuperado el 15 de Marzo de 2010, de Human Development Report: http://hdr.undp.org/en/media/HDR_2009_Tables_rev.xls

Puede descargar el libro de Abelardo Morales aquí

Puede descargar el estudio de BID  escrito por Funkhouser, Pérez Saínz y Sojo aquí.

Video de “Pobre la María”. Luis Enrique Mejía Godoy: http://www.youtube.com/watch?v=BQY6ktAznKc

Video de “Quiere tu país”, Perrozompopo: http://www.youtube.com/watch?v=kQhn0V4OoVc

Ana Escoto

Ana Escoto

1984. San Salvador. Estudios de posgrado en población en FLACSO y El Colegio de México. Se dedica también a la narrativa breve y a la poesía.