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De víctimas inocentes o de cómo se reconstruye Ciudad Juárez con niños

Por septiembre 2, 2011 agosto 16th, 2019 9 Comments

Ciudad Juárez es la ciudad más peligrosa de México y la más peligrosa del mundo; la que desde 2008 se ha convulsionado con más de ocho mil asesinatos; donde ocurren 40 carjackings (robos de auto a mano armada) diarios; donde han tenido que cerrar el 30% de los negocios y de donde han emigrado más de 230 mil habitantes, en busca de refugio, a otras ciudades o países.

Aquí, el 30% de los negocios abiertos pagan “cuota de protección” y extorsión. Hay registradas 4,325 escoltas privadas que brindan servicios de seguridad al sector empresarial. Las familias de 113 fraccionamientos han levantado bardas, ponen casetas de vigilancia y solventan el costo de guardias particulares con la esperanza de mantener a los criminales lejos de sus hogares.

De acuerdo con la Fiscalía Estatal, en 2011 se han perpetrado 1,330 asesinatos relacionados a la lucha contra el crimen organizado. Junto con las “bajas”, viene el escalofriante número de víctimas colaterales, olvidadas por el gobierno mexicano. Un cálculo discreto podría suponer que cada homicidio impacta el núcleo familiar y deja por lo menos un huérfano y una viuda. Apenas inician los esfuerzos de crear un sistema social para estas víctimas: es una población más expuesta a la violencia, pues ya sufrieron la pérdida de sus padres o esposos. Los niños, “nuevos huérfanos de la guerra contra la delincuencia”, no sólo enfrentan la muerte violenta de sus padres, también reciben el impacto directo del shock emocional de sus madres e inclusive su ausencia, pues ellas deben salir del hogar en busca de empleo para sustentar a la familia, o en el peor de los casos ellos mismos se ven obligados a trabajar. Son niños forzados a seguir adelante sin tener un duelo; la mayor parte de las veces estigmatizados por la forma en que murieron sus padres. Así comienzan a ser marcados por el dolor y la marginalidad.

A la fecha hay más de 10 mil huérfanos de padre, madre o ambos en el municipio de Ciudad Juárez. El tejido social se ha perdido y urge su recomposición. Los especialistas señalan que si no atendemos con urgencia a estos huérfanos, serán los sicarios de mañana.

Ante estos acontecimientos, la sociedad civil comienza a entender que no puede permanecer indiferente; no basta quejarse, indignarse o esperar a que alguien  haga algo. Los primeros esfuerzos comienzan a realizarse: diversas organizaciones no gubernamentales dan pasos firmes hacia el rescate de la ciudad y de estos niños, como el Centro Humano C-HEPAZ, que ofrece Talleres de Duelo, Psicoterapias  de Contención e Intervención en Crisis, a costos accesibles y por donativos. Empresarios han unido esfuerzos para financiar proyectos ambiciosos como el Patronato Museo del Niño A. C. que a principios de 2012 espera abrir el Museo “La Rodadora”. La comunidad deposita sus esperanzas en que mejore el panorama del sector infantil, que ha sido tan dañado.

La sociedad juarense empieza a descubrir que solamente trabajando hombro con hombro podremos salir adelante para rescatar a nuestra ciudad. Asociaciones religiosas se suman a los esfuerzos y comienzan a salir de sus templos para realizar activismo social y poner en practica lo que por años han predicado: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”.

Inspirada por contribuir en la reconstrucción de Juárez, acepté la invitación de mi amiga Iraís Martínez para participar en la Fundación Hijos del Rey, una asociación civil que trabajará con niños huérfanos de padre, madre o ambos, por la lucha contra el crimen. No sabíamos que estábamos iniciando una gran aventura, llena de retos personales, económicos, desalientos, y algunos aciertos que nos llevarían primeramente a mirar hacia nosotros mismas, antes de intentar rescatar a estos niños que han quedado marcados por la tragedia.

Los primeros pasos incluían hacer alianza con gente que nos ayudaran a localizar a estos niños, puesto que los familiares suelen hacerlos invisibles: en los mejores casos los cambian de escuelas, en los peores dejan de estudiar por falta de sustento económico; les prohíben hablar de lo sucedido o los llevan a vivir fuera de la ciudad. Debíamos encontrar formas creativas de localizarlos. Iraís contaba con experiencia previa de trabajo con niños, pues solía animar un programa de televisión infantil. De ahí surgió la idea de trabajar con primarias ubicadas en zonas de alto riesgo, donde hubiera el mayor número de asesinatos relacionados con la narcoguerra. Hicimos dos festivales: uno en diciembre de 2010, para las posadas navideñas, y otro este año, para el Día del Niño.

Los primeros en apoyar y adoptar el proyecto como si fuera propio, fueron los dirigentes de la Asociación Religiosa Cruz de Gracia. Nos han brindado su apoyo incondicional; nos han cobijado, nutrido y llenado de fuerzas tanto para arrancar, como en los momentos más difíciles. Han fungido como enlace con personas comprometidos con el altruismo en Estados Unidos, que tienen profundo interés en Ciudad Juárez. Además, miembros de la asociación han aportado donativos en especie y horas de trabajo voluntario para realizar los festivales.

Hasta el momento hemos ido a dos escuelas, ambas situadas en colonias con alto índice de violencia: Parajes del Sur y Héroes de la Revolución. La primera,  además, es de las más pobres de la ciudad.

Parajes del Sur es peligrosa. La mayoría de sus casas son de interés social y están abandonadas en un 60%. Causa temor recorrer estas colonias fantasmas. Además, recordar que son fantasmas frescos, de homicidios recientes. El director de la escuela tiene esta valentía cautelosa de los juarenses que viven la violencia extrema cotidianamente. Nos comentó que han debido cambiar la planta de maestros varias veces, debido al temor y a las amenazas que han sufrido. En vacaciones de diciembre tuvieron que cerrar la escuela una semana antes, porque fueron a exigirles que entregaran los aguinaldos o se atuvieran a las consecuencias. De hecho, el director tenía apenas unos meses, el anterior pidió su cambio, es una escuela difícil y nadie quiere dirigirla. En ella detectamos a diez alumnos con el perfil que buscábamos.

Aunque el propósito del festival es encontrar a los niños huérfanos de la violencia, a la par se consigue otro propósito importante, como dar momentos festivos a las comunidades, que los distraigan de esa realidad sombría en la que viven. Desde que supieron que se organizaría el festival, los niños de la primaria estaban expectantes, emocionados. Nos veían llegar para las juntas previas y ya adelantaban la alegría.

(Todas las fotografías de este artículo son cortesía de Sara Fajardo)

Nuestro primer Festival tuvo un gran apoyo. Los niños bailaron, cantaron, gritaron, estaban felices. Los maestros participaron activamente durante todo el evento. Les pedimos que cada grado fuera vestido de un color específico (azul, rojo y amarillo) para hacer equipos y hubo grados donde los maestros les hicieron bufanditas del color asignado, lo hicieron porque se sentían agradecidos y emocionados por la visita. Desde el sábado temprano, los niños alborotaban en sus salones, esperándonos. Cuando llegamos en los camiones se volvían locos, gritaban, se asomaban en las ventanas y sus caras eran geniales. En las rifas enloquecían, algunos lloraban de la ansiedad que les daba querer ganarse algo. Nos donaron doce bicicletas para rifar. Cuando uno de los niños fue nombrado, se emocionó tanto que se tropezó en la grada y rodó diversos escalones hasta llegar a la base.

Propusimos el segundo festival para celebrar el Día del Niño en una escuela de Héroes de la Revolución, con juegos, música, comida y regalos. Cruz de Gracia apoyó con 90 voluntarios y financiaron gran parte del costo del festival, por medio de donativos de empresarios estadounidenses. Los empresarios locales apoyaron en especie: el dueño de una pastelería famosa de Juárez nos donó un enorme pastel, para  500 personas.

Este festival estuvo a punto de fracasar cuando unos camiones con juguetes donados por estadounidenses no pudieron llegar a Juárez por cuestiones de logística y aduanas; aquí fue valiosísima la participación de los amigos de las redes sociales, quienes además de promover el evento en Facebook y Twitter, colaboraron con donaciones para reponer los juguetes. Su generosidad no sólo nos hizo salir del problema, también nos ayudó a entender que nuestro proyecto no es una isla desierta, sino que se vincula con toda una red de personas y grupos preocupados por aportar soluciones positivas en el país. Se trata de una sinergia que recorre todo el territorio y que se va especializando en distintas aristas. En nuestros casos, la especialización está en nuestros niños agredidos por la violencia, que necesitan comunicar su dolor, transitar su duelo, para poder continuar sus vidas en un ambiente hostil, pero que también les ofrece esperanzas.

¿Qué pasa con los huérfanos a causa de la violencia que localizamos? Hasta el momento hemos identificado a diez, con quienes hemos hecho un curso de verano y hemos convivido con ellos y sus madres. La vida tan hostil que han tenido no hace fácil conseguir su confianza, por lo que la labor empieza desde mostrar empatía e interés en ayudarles. Como todo proyecto que inicia, el nuestro se escalona en varias partes; de inicio hacer un centro de tareas adonde  los niños puedan asistir después de clases a comer y tomar clases, a la vez que reciben asistencia de psicólogos. La pretensión sería consolidarnos y tener una casa hogar que albergara a muchos de estos huérfanos, a quienes acompañaríamos con un programa que integra apoyo académico, psicoterapias y ayuda espiritual que les ayude a transitar por sus duelos y llevarlos a proyectos de vida asertivos.

Nuestro proyecto no es fácil, enfrenta grandes retos, que van desde lo económico a lo social, exige una preparación que a veces se va aprendiendo sobre la marcha, que también queremos profesionalizar. Por eso ha sido tan importante para nosotras conocer a Hugo Almada, psicólogo, sociólogo, activista social y coordinador de la  Maestría en Psicoterapia Humanista y Educación por la Paz  en la UACJ. Sin imaginarlo, Hugo se convirtió en otro gran apoyo: nos lanzó el reto de prepararnos con herramientas profesionales  y nos invitó a considerar la maestría para así servir mejor a los niños. Fue así como varios meses después, Iraís y  yo nos encontramos de regreso en el salón de clases, pero no solamente como alumnas, también como pacientes, algo que jamás imaginamos pero que ha venido a enriquecer nuestra experiencia de vida; la que nació con la necesidad de enfrentar la violencia, y se ha ido convirtiendo en un aprendizaje personal de autoconocimiento, de esfuerzo y solidaridad con los otros.

*Cualquier información adicional sobre Hijos del Rey pueden escribir a los correos Hijos del Rey [email protected] y a Diana Fajardo [email protected]

 

Diana Fajardo

Diana Fajardo

Diana Fajardo es originaria de Cuernavaca, llegó a Ciudad Juárez en 1985 y mientras más violencia hay en la ciudad, más insiste en quererla. Es cofundadora de la Fundación Hijos del Rey, que da apoyo a niños huérfanos de la violencia por la guerra contra el narcotráfico. Estudia la Maestría en Psicoterapia Humanista y Educación por la Paz en la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez.

9 Comments

  • LauraMesaEspinal dice:

    Diana, te felicito por un muy buen artículo. Todas las organizaciones que expones allí, las cuales ayudan a las víctimas son, sin duda, una fuerza luchando por recuperar la esperanza. Un abrazo desde Medellín, Colombia!

  • Luzma ramírez dice:

    Diana, te felicito por el magnífico trabajo. me encantaría ayudarte! Yo ando por tu tierra y tu por la mía. Así que hagamos lo mejor por nuestros paisanos. Amo a los niños y me alegra mucho lo que estas haciendo.
    Luzma

  • María Teresa Navejas dice:

    Es hermoso contar con gente como ustedes, pero también es un reto el unir esfuerzos y apoyo a tan maravilloso proyecto, Bendiciones para cada una de las organizaciones que se interesan en llevar el apoyo a nuestros amados niños que han sido agredidos por la violencia que sufre nuestra ciudad en espera de La Esperanza proyectos de vida. Dios los bendiga.

  • Diana Fjrd dice:

    Gracias Laura, ¡te mando abrazote de regreso hasta Colombia!

  • Diana Fjrd dice:

    Tienes razón,  yo ando en tu tierra y tu en la mía.  Lo importante es que las amamos como si fueran las propias. Saludos a toda tu familia.

  • Rashel dice:

    Muchas felicidades es un gran trabajo sobre todo pensando en la gente y en nuestra ciudad hay pocas personas que luchan por que nuesta ciudad este mejor y tu eres una guerra felicidades de nuevo

  • Diana Fjrd dice:

    Gracias Rashel, solo así saldremos adelante: Trabajando hombro con hombro. Un saludo a ti también.

  • iniciativa mexico, hubiera sido perfecto para la creacion de un albergue!

  • iniciativa mexico, hubiera sido perfecto para la creacion de un albergue!

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