Federico González Canavesi estuvo preso casi 10 años, desde que era adolescente hasta 2020. Gracias a la música y el yoga, vivió una transformación radical. Ahora es mejor conocido como Kung-Fú Ombijam, y en 2017 se convirtió en el primer uruguayo privado de libertad en obtener sus derechos de autor. 


Dieciséis años de preso pa’ vivir en el presente,

me hizo un click, decidí cambiar,

no podía concluir mi vida en éste lugar,

escribo sobre beats, es hora de crear,

a mi vida le doy vida con poquito nada más.

No tengo un peso, soy feliz con lo que sobra

y tengo mucha suerte que nadie ni me nombra,

pero voy sabiendo que nada crece a la sombra,

los lugares encerrados; la cultura desahoga.

MY LIFE, Kung Fu Ombijam (Federico Gónzalez)

 

Federico González Canavesi (Montevideo, 1986) estuvo preso casi 10 años, desde que era adolescente hasta 2020. Sus delitos: hurto, tenencia de armas y copamiento (robo con privación de libertad a la víctima). Logró zafar de las rejas gracias a la música, el yoga y sus canciones. En 2017 se convirtió en el primer uruguayo privado de libertad en obtener sus derechos de autor en Agadu (Asociación General de Autores del Uruguay). 

Con un papel, una lapicera y su voz rasposa, Federico se destacó entre los más de 12 mil presos que hay hoy en Uruguay por su fuerza y profundidad. Dice que la música lo salvó de andar afilando cuchillos o vender droga. Lo dicen también sus canciones: fue un adicto y su deseo de tener dinero fácil lo llevó a cometer los delitos de los que hoy se arrepiente. Sus letras invitan a la reflexión, cuentan su historia y cómo la música se transformó en liberación. 

Federico vivió en más de una cárcel hasta que llegó a Punta de Rieles, un centro ubicado a 14 kilómetros de Montevideo que ha demostrado que hay otras posibilidades para la reinserción. Allí empezó con talleres de murga (un género músico-teatral que es una de las mayores expresiones de la cultura uruguaya por su adhesión popular), obras de teatro teatro, hip hop y clases de yoga.

Estas clases le abrieron la cabeza y le permitieron escapar, amparado en el artículo 120 de la normativa interna del Instituto Nacional de Rehabilitación que concede a las personas privadas de libertad salidas laborales o socioeducativas. Trabajó en la panadería de la unidad penitenciaria y  convirtió sus salidas transitorias en una oportunidad para compartir su música, pisar escenarios y lanzar dos discos: Desahogo Cultural, en 2017, e Iluminando la sombra en 2020.

Las venas del cuello saltan a la par de sus palabras cuando critica al sistema carcelario. Él cree que es necesario un bombardeo cultural en las cárceles, que los privados de libertad necesitan espacios que les permitan repensarse. 

Kung-Fú Ombijam, el nombre que adoptó para presentarse como rapero, llegó tarde a la entrevista. “Estaba dando un taller  en la Colonia Berro” (un hogar de reclusión para menores). Viste una camiseta de manga corta con el logo de Dostrescinco, banda que lo inspira y se deja ver los tatuajes en los antebrazos. Sonríe y tiene motivos: es libre y se le nota en los ojos. Tiene una mancha negra en el iris del ojo derecho.

Federico se sorprende por la cantidad de vehículos que hay estacionados cerca del café donde nos sentamos. “Es impresionante, y son todos nuevos”, dice. No puede creer cómo se multiplicaron los edificios en los más de 10 años que no estuvo en la calle. “Cuando entré no existían las redes sociales y aparecí en un mundo donde todo es digital y rápido”.

Un juez le otorgó la libertad anticipada en noviembre de 2020. Volvió a encontrarse con su familia y amigos. Ahora vive en Montevideo con su compañera Virginia Sequeira, conocida en la escena musical como Viki Style.

Hoy, a los 35 años, Federico trabaja en proyectos y sueños que exceden los límites de cualquier reja. Uno de ellos es participar como tallerista de rap en los encuentros que llevan adelante los integrantes del proyecto socioeducativo en cárceles Nada Crece a la Sombra. Visita los módulos a los que casi nadie quiere ir, reparte un poco de eso que a él lo liberó.  

En entrevista con Distintas Latitudes, Kung-Fú habla de su carrera musical y de las posibilidades de salir de la violencia y perdonarse. 

Rapear para salir del encierro: conocé al músico uruguayo Kung-Fú Ombijam

En 2017 Kung-Fú Ombijam se convirtió en el primer uruguayo privado de libertad en obtener sus derechos de autor.

¿Cuándo empezaste a rapear?

A los 14 o 15 años.  Me regalaron un disco de Eminem, empecé a escucharlo y a ir a los lugares donde se hacía rap. Iba a la Plaza de los Bomberos. Ahí di mis primeros pasos. Me empezaron a gustar las rimas y me acerqué a una banda que se llamaba Catarsis. Después formé parte del grupo ADC (acción de cuatro) la alta rima

¿Cómo seguiste?

Seguí solo. Empecé con mis viajes de adolescente. Me separé de mi familia y amigos. Comencé a transitar por lugares más peligrosos, a vincularme con otras drogas y con la delincuencia. Cuando entré en la cárcel empecé a escribir. Al principio quería seguir en la delincuencia. 

¿Pensaste en fugarte?

Sí. La idea de fugarme estuvo todo el tiempo en mi cabeza, hasta que empezaron a aparecer herramientas que me ayudaron a valorarme.

Empezaste con la murga y el teatro: ¿qué otras opciones tenías?

Había lugares de religión, talleres y podías estudiar. Yo no terminé el liceo y me arrepiento de eso. Empecé con el teatro, después la murga y eso me hacía reír, cantar. También el deporte me subía el autoestima. Empecé a entender que quería otra vida y eso me ayudaba a escribir. Me dieron 16 años de cárcel y me di cuenta de que no podía seguir encerrado.

Empecé a invertir mi tiempo en la cultura. Esas actividades me vincularon más con mis compañeres, las visitas y autoridades. Comencé a deconstruir ciertas lógicas como la de sentirte orgulloso por robar.  “¿Qué estoy haciendo? No quiero seguir en este lugar inmundo, me quiero ir por la puerta grande”, pensé. En Punta de Rieles había una radio, y dije ta, la música la puedo difundir por acá también.

Leí que el nombre Kung-Fú viene por el deporte que practicaste en tu niñez, ¿de dónde sale Ombijam?

Del Yoga. El nombre sale del programa “Yoga y Valores en Cárceles”, que Pamela Martínez desarrolla en Punta de Rieles. Bijam significa semilla y el Om también sale de ahí.

Rapear para salir del encierro: conocé al músico uruguayo Kung-Fú Ombijam

Las letras de Kung-Fú Ombijam invitan a la reflexión y cuentan cómo la música es liberación.

¿Por qué Punta de Rieles es especial?

Porque estaba tomando una forma cada vez más social. Desde que se fue Parodi (Luis Parodi, referente en materia penitenciaria que dirigía la unidad desde 2014) es otra historia. Las autoridades que asumieron con el nuevo gobierno se olvidaron de lo que existía, lo destruyeron. Trancaron las salidas. Se olvidaron de que hay personas que pueden cambiar su forma de pensar. No hay solo presos y delincuentes.

¿Qué cambió cuando llegó el coronavirus a la cárcel? 

Yo estuve de marzo a noviembre. Al principio era un viaje. Estornudaba uno y lo miraban con cara rara. Nos hacían usar tapabocas y nos sentíamos bichos raros, nos trataban así, pero en realidad eran ellos los que podían traer el virus. Los movimientos se hicieron sin pensar. Por ejemplo, cuando hubo casos en la cárcel de Canelones trajeron a los presos a Punta de Rieles y se llenó de contagios ahí también. A veces ni el director usaba tapabocas. No chequeaban a los que entraban. 

Saliste varias veces a tocar cuando estabas preso. ¿Cómo es estar afuera, aunque sea por un rato?

Empecé a salir gracias a una obra de teatro que hizo un compañero que aún está privado de libertad. Salíamos con custodia policial a hacer diferentes escenarios y también a dar talleres en otras cárceles. En ese momento empecé a utilizar la oportunidad que tenía para transmitirle a la gente que no tengo no tengo por qué estar toda la vida delinquiendo.  

Ahora que estás del otro lado: ¿qué cambiarías en las cárceles?

Creo que hay que brindar una educación laboral. Nadie te enseña a buscar trabajo ni te habilita, por ejemplo, el carnet de salud. Hay personas que salen y no tienen casa ni familia. ¿Salís y después qué? Están todos en el mismo mundo: desde el que robó un par de championes porque se equivocó, hasta el super asaltante.

Creo que el que se llevó algo del super tiene que hacer rehabilitación, pero afuera. El sistema tiene que separar a la persona que no quiere robar más y que quiere estudiar o trabajar. No hablo de los delitos sexuales porque no sé qué pasa en la cabeza de una persona que hace algo así.

La plata del sistema tiene que invertirse en personas que tengan vocación e incentiven; están trabajando con personas y no con botellitas. Los trabajadores tienen que creer que las personas que están adentro quieren dejar esa ideología de mierda y salir de porque es una porquería. Te deberían decir: “Cortate el pelo bien, no te hagas líneas en la cabeza, levantate temprano. No te hagas tatuajes en la cara si querés trabajar”.

¿Qué hiciste cuando saliste?

Por suerte tengo a alguien que me tira un colchón en el piso y a mi madre que tiene su cama y me la comparte. Ahora estoy viviendo con mi compañera. Me faltaban cuatro años para salir. La libertad anticipada fue una sorpresa. Si bien la había pedido, no sabía cuando iba a pasar.

Salí de un día para el otro y me encontré con el mundo covid. Con mis hijes (Melina y  Santino) ya hablábamos por teléfono y siempre estuve al tanto por sus madres, que hicieron de padres. Ahora trato de estar presente e irlos a buscar a la escuela. Estoy trabajando con Nada Crece a la Sombra y buscando algo más fijo que me permita resolver lo monetario, es una responsabilidad que tengo que asumir.

¿Cómo sigue tu carrera musical? ¿Vas a dejar de escribir sobre la cárcel?

Lo último que hice fue una participación con mi compañera Vik. Hace unos días salió un videoclip con la artista Papina de Palma que se llama El Miedo. Estoy trabajando en nuevos temas y Kung-Fú va a seguir denunciando el sistema carcelario porque ya está involucrado. Creo que cada artista tiene que encontrar eso.

No quiero morbo ni seguidores, pero sí quiero que siga esa voz porque lamentablemente las cárceles van a seguir existiendo. No se pueden apagar los reclamos, quiero seguir nutriendo a los pibes y las pibas, pero con consciencia. 

 

Las letras evolucionaron desde tu primer disco y ahora incorporaste el lenguaje inclusivo

Sí, cuesta. Ojalá pronto sea normal y natural. Son procesos y aprendizajes. No me censuro, pero cuido mis palabras porque creo que pueden afectar. Por ejemplo, apoyo al feminismo y a los medios y a las pibas que están en pos de reeducarnos a nosotros los machistas, pero no puedo ponerme a hablar de eso porque no me corresponde.

¿A qué le tenés miedo? 

Una persona con antecedentes está predispuesta y más cuando te dan la libertad anticipada. Hace dos meses me fui a sacar la credencial y me llevaron detenido por error. Me dijeron que estaba requerido. No se había notificado que me habían dado la libertad. Me quería morir, me sentía preso de nuevo, no podía crecer. Tuve miedo. Tengo muchos miedos.

Unos días atrás celebraste tu cumpleaños en familia y lo compartiste en las redes sociales. ¿Ahí está la felicidad?

Sí, el nueve de marzo. Mi compañera me hizo una fiestita sorpresa, habló con mi familia y amigos y fue re lindo. Yo soy feliz. Cada dos por tres tenés un bajón, pero hay que buscarle la vuelta. Estoy satisfecho con los objetivos y metas que vengo cumpliendo: quería hacer un disco dentro de la cárcel y lo conseguí, quería salir y lo logré. Ahora estoy con mis amistades, con mis hijes, se van cumpliendo los sueños y esa es parte de mi felicidad.

 

Ilustración de portada: Rocío Rojas  
Mandy Barrios

Mandy Barrios

Social Media / Periodista. Es Licenciada en Comunicación Periodística de la Universidad ORT Uruguay. Trabajó en radio El Espectador y realizó un Máster en Edición, Producción y Nuevas Tecnologías del diario El Mundo, en Madrid. Hoy es subdirectora de Redes Sociales en el diario El Observador en Uruguay.

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