Distintas Latitudes conversó con Valeria Souza Saldívar, quien trabaja por la conservación de Cuatro Ciénegas y de la máquina del tiempo que ahí existe.

 


 

En nuestro planeta existe una máquina del tiempo. No se trata de una máquina hecha de metal, en forma de auto, ni de cabina telefónica como las que hemos visto en las películas. Estamos hablando de una montaña que guarda en su interior organismos de miles de años de vida. Literalmente. Estos organismos son nuestra máquina del tiempo. Una ventana a cómo eran las primeras formas de vida y cómo evolucionaron. Esta máquina del tiempo se encuentra en Cuatrociénegas, un valle ubicado en el estado de Coahuila, en México. 

Una de las principales personas que trabajan para conservar y defender esta máquina del tiempo es la doctora Valeria Souza Saldívar. Es doctora en ecología evolutiva y microbiana. Esto quiere decir que se dedica a estudiar cómo evolucionaron las especies. Su principal campo de estudio es la máquina del tiempo del valle de Cuatrociénegas. Investiga por qué los organismos de Cuatrociénegas no se extinguieron, cómo se comportan, y qué pueden enseñarnos sobre evolución de comunidades de especies. Recientemente, gracias al trabajo que realiza en Cuatrociénegas, Valeria Souza se convirtió en la primer mujer mexicana en ingresar a la Academia Americana de Ciencias y Artes de Estados Unidos. 

Pero vamos por partes. ¿Qué es todo esto de la máquina del tiempo? ¿Por qué hay que defenderla? ¿Qué tiene que ver Valeria Souza Saldívar en todo esto?

Es una mañana de viernes. La Dra. Valeria Souza se prepara para ir a la universidad donde trabaja. Mientras prepara y toma su desayuno, conversa con Distintas Latitudes. En la charla, nos habla sobre la máquina del tiempo, cómo funciona, cómo la encontró, por qué está en peligro, cómo defenderla.

La montaña

Hablamos de una montaña. La montaña está en la Sierra de San Marcos y Pinos, en el centro del valle de Cuatrociénegas. La clave para entender la máquina del tiempo está en los habitantes de la montaña. Son bacterias, arqueas, hongos y virus. Comunidades de bacterias, llamadas estromatolitos o paquetes microbianos. 

Valeria Souza nos dice que son como “los descendientes directos de los ingenieros que hicieron este planeta azul. Son los únicos descendientes directos que sobrevivieron”. Nos explica que estas bacterias existen en la montaña desde hace miles de millones de años. Ese es el tiempo que esas bacterias han estado evolucionando en Cuatrociénegas. Nunca se extinguieron y es por ello que la doctora las llama “una máquina del tiempo que sobrevivió”.

Estos organismos permiten a Souza que “viaje” al pasado para estudiar y analizar su evolución. 

Le pedimos a la Dra Valeria Souza que nos describa cómo son estos organismos. Pero nos dice que en realidad sus formas no es lo más importante, sino su metabolismo; el más diverso del mundo. 

“Aprendieron a comer sopa de cometas, luego a comer piedras, y luego a comer luz. Son capaces de tener muchos metabolismos. Ellas inventaron la fotosíntesis que burbuja por burbuja crearon el oxígeno que ahora tenemos en la atmósfera. El oxígeno lo produjo el metabolismo de las bacterias que todavía sobreviven en Cuatrociénegas”.

Durante los primeros años de estudio de la Dra Souza en Cuatrociénegas, intuyó que los organismos que forman la máquina del tiempo habían llegado a la montaña porque hacía miles de años había mar en lo que hoy es el valle. Lo comprobó años después, cuando recibió los resultados de unos análisis que le hizo al ADN de las criaturas de la montaña. 

La doctora le llama, al momento en el que comprendió esto, uno de sus “momentos eureka”. Otro “momento eureka” fue cuando descubrió el papel de la montaña y su dinámica. 

Preguntamos cómo funciona esta dinámica y nos explicó que “la montaña tiene arcilla y la arcilla ha sido moldeada en la forma de la montaña. La arcilla hace cuevas. La montaña tiene sedimentos y la vida se ha guardado en sus sedimentos, en sus cuevas, con todo y agua. Entonces estas cuevas de arcilla han guardado los minerales de los mares ancestrales y las bacterias de estos mares, y han sobrevivido dentro de estas cuevas. Pero como hay magma debajo, el agua sube por el calor y la presión del magma. Entonces ha tenido un ciclo de miles de años dentro de una montaña. Luego ya sube a hacer fotosíntesis en el sol. Y eso se ha repetido por muchísimo tiempo. El magma que está abajo es el responsable de esta dinámica. O esa es la hipótesis”.

La enciclopedia

El camino que llevó a Valeria Souza Saldívar a Cuatrociénegas comenzó cuando tenía 10 años. 

“Nos regalaron a mis hermanos y a mí una enciclopedia Time Life una Navidad. La portada de uno de los números de la enciclopedia era el ADN. Ese número de Time Life era de la revolución genética, el inicio de la biología molecular, cómo habían descubierto la estructura. Y yo estaba absolutamente fascinada. Como que fue mi primer ‘momento eureka’”.

Valeria Souza nos cuenta que desde niña tuvo curiosidad respecto a la naturaleza. Veía pececillos durante horas en un arrecife o cuidaba arañas en su casa de la infancia en Ciudad de México. Su padre fue galerista y coleccionista de arte. Por ello siempre pintó y se sintió cercana al sentido de la belleza. Pero a ella la ciencia siempre le pareció mucho más emocionante. A los 10 años, cuando recibió de regalo aquella enciclopedia, se hizo una pregunta que eventualmente la llevaría a Cuatrociénegas: “¿Cómo el ADN guarda la información de todo lo que conozco?”.

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La comunidad

Según nos dice Valeria Souza, la clave de la sobrevivencia de los organismos de Cuatrociénegas está en el trabajo y cooperación que hacen en comunidad. 

“El hecho de que hayan sobrevivido es porque producen cientos, si no es que miles de antibióticos nuevos. No han dejado que nadie se les eche encima. Como comunidad cooperan, pero no dejan que nadie abuse de ella”.

Al preguntar cómo es esta cooperación, nos explica que los genes de las bacterias de Cuatrociénegas no están completos y dependen de otras para poder formar sus proteínas. Así que se ayudan para formarlas y eso las ha convertido en comunidades estables a lo largo de miles de millones de años. 

“Y nosotros, pues yo creo que tenemos que aprender a cooperar entre nosotros. Sobre todo ahora, al borde del abismo ambiental. En lugar de competir hay que cooperar. Y hay que trabajar juntos, no solo entre los humanos, sino con toda la naturaleza”.

Los antibióticos de los cuales habla la doctora han sido la causa de que diferentes investigadores los estudien para aplicaciones médicas. 

“También hacen probióticos que ayudan a las plantas a crecer y a obtener nutrientes del suelo. Son bastante increíbles los bichos de Cuatrociénegas. Pueden limpiar minas porque comen metales desde hace mucho. Viven en general dentro de la montaña, comiendo metales”.

Ecología evolutiva

El camino de la Dra. Valeria Souza hacia Cuatrociénegas comenzó con la enciclopedia Time Life sobre el ADN. Continuó cuando estudió biología en la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Hizo su tesis de licenciatura y maestría en citogenética, es decir, sobre la estructura de los cromosomas. Pero su esposo, el doctor Luis Eguiarte, estudiaba en el laboratorio de ecología, que hoy en día es el Instituto de Ecología de la UNAM. Él la convenció de que estudiar ecología evolutiva era más interesante que la citogenética. Entonces hizo su doctorado en ecología evolutiva. 

La ecología evolutiva, nos explica la doctora, intenta comprender cómo evolucionaron las especies. La parte ecológica es comprender las adaptaciones al ambiente de las especies. En su trabajo, Valeria Souza intenta comprender no solo cómo evoluciona una especie, sino toda la comunidad. 

Preguntamos a la doctora por qué consideró que la ecología evolutiva era más interesante que la citogenética. 

“Lo que pasa es que la citogenética era un poco como experimentos Coca-Cola. Es decir, ‘échale algo y ve qué pasa’. Pero realmente no era ir tras la pregunta que tenía yo a los 10 años. Me di cuenta que no estaba en la estructura de los cromosomas, sino estaba en cómo evoluciona ese ADN”.

En 1999 la NASA tenía un grupo multidisciplinario donde se habían convencido de que Cuatrociénegas era el mejor modelo de la Tierra primitiva y de Marte. Armaron un proyecto de astrobiología y se dieron cuenta de que les hacía falta una persona experta en bacterias, quien además debía ser de México, donde querían trabajar. El líder del grupo averiguó y el nombre Valeria Souza y Luis Eguiarte surgió varias veces. 

“En ese entonces yo era la única mexicana que hacía algo tan extraño. Por eso vino a vernos a nuestro laboratorio y enseñarnos un número de National Geographic que había salido sobre la belleza de Cuatrociénegas. Nos dijo que era un sitio extraordinario y que necesitaban que fuéramos a trabajar Luis y yo ahí. Luis era el que decía no, que teníamos mucho trabajo, que no podíamos abrir otra línea de investigación, y que los niños estaban chiquitos. Y yo en mi espíritu aventurero le dije, mira, pero qué bonito se ven las cosas, vamos a conocer y ya decidimos. Y sí, como había predicho Luis, me iba yo a enamorar y a involucrar”. 

Para Valeria Souza, Cuatrociénegas es el lugar ideal para responder la pregunta que se hizo a los 10 años. “Yo creo que nunca se contesta del todo. Pero ya sé mucho más”.

El canal

Le pedimos a la Dra. Souza que nos describa el valle de Cuatrociénegas. 

“Ay, es precioso. Las pozas son preciosas. Son color turquesa, hay amarillas, hay rojas. Las color turquesa son particularmente impresionantes”. 

Incluso nos describe cómo se ve desde el espacio.

“Desde el espacio el valle se ve como una mariposa blanca. Con la Sierra de San Marcos en medio haciendo el cuerpo de la mariposa. Y las montañas tienen formas increíbles, parece que fueron moldeadas por gigantes. Y son sierras altísimas de tres mil metros lo que bordea el valle. Es un valle aislado por sus montañas. Pero sobre todo la montaña de enmedio es la responsable de toda la dinámica del oasis”.

Pero la doctora también ha observado los cambios que han ocurrido en el lugar.

“Yo llevo 20 años trabajando en este lugar. Cuando llegamos todo el valle era un tapete microbiano. Donde pisabas se sentía húmedo, cortabas un pedacito y se veían las capas de colores de los tapetes microbianos. Ahora casi todo está seco. El sistema que estudiamos durante 16 años ya no existe. Se llama El Churince. Ya es un cementerio de tortugas y solamente queda el ojo de agua bastante disminuido. Tenía un río y dos lagunas. Y ya eso no hay, lo cual es muy triste. Los humedales del otro lado del valle también están muy disminuidos. Yo he visto en 20 años cómo se ha perdido el agua. Inclusive dentro del pueblo.  Cuando llegamos había agua dentro de las acequias, ya no hay, ya tiene regulada el agua. Y todo esto por un desarrollo totalmente enloquecido de campos de alfalfa”.

¿Por qué la doctora trabaja para defender Cuatrociénegas? 

“Lo que pasa es que Cuatrociénegas ha sobrevivido a todo. Pero no ha sobrevivido a los humanos del siglo XX”. 

De 1876 a 1911 México atravesó un periodo llamado “Porfiriato”, en referencia al gobierno encabezado por Porfirio Díaz. En ese periodo se construyó el canal Saca Salada para sacar el agua de Cuatrociénegas. El canal lleva el agua hasta Monclova, un municipio que está a unos 80 kilómetros del pueblo de Cuatro Ciénegas. Más tarde, en la década de 1970, el canal se modificó para aumentar su capacidad. Saca cientos de miles de litros de agua a diario. Toda esa agua es utilizada para regar cultivos de alfalfa, un tipo de cultivo que desperdicia mucha agua y es utilizado para alimentar al ganado. 

En palabras de Valeria Souza, “el humedal ya no puede más”. Ella piensa que Cuatrociénegas no podrá resistir ni siquiera dos veranos más. 

“Es un tesoro de la humanidad. Ha aguantado miles de millones de años. Nos puede ayudar a tener un mejor planeta y se está desperdiciando por un cultivo que cuesta dos pesos el kilo. Una alfalfa de muy mala calidad. Se puede alimentar a las vacas con otro tipo de alimento. Si se va el agua los primeros afectados van a ser los pobladores de Cuatro Ciénegas, sobre todo los más pobres, como siempre”.

En 2004, la Universidad de Texas organizó un evento de investigadores de Cuatrociénegas. Era un congreso abierto al público, por lo cual asistieron profesores del Centro de Bachillerato Tecnológico Agropecuario (CBTA) de Cuatro Ciénegas. Se acercaron a Valeria Souza, quien estaba en el evento, y le propusieron ir al CBTA a platicar acerca de su trabajo.

Así fue como comenzó el trabajo con estudiantes. 

“Ellos tienen un laboratorio de biología molecular. Están descubriendo especies nuevas y su potencial biotecnológico. Están haciendo agricultura sustentable. También son el ejemplo de su comunidad, de cómo cultivar en condiciones adversas como es el desierto de Coahuila. La comunidad no lo dice, pero el hecho es que están cultivando de otra manera”.

Al principio, el trabajo con los estudiantes del CBTA era financiado por Valeria Souza y su esposo, quienes pagaban experimentos y de vez en cuando becas para estudiantes. También prestaban su camioneta para los viajes a campo. A partir de 2010 comenzaron un proyecto con Fundación Slim. Además hicieron una alianza con Fundación Lala. Gracias a ello pudieron crear el laboratorio de biología molecular y becar estudiantes para que les ayudaran a describir la diversidad del Churince. Sin embargo el proyecto ya finalizó, por lo cual Valeria Souza y su esposo deberán volver a poner dinero de su chequera.

“Yo planeo el resto de mi vida trabajar ahí. Y todavía necesitamos trabajar mucho con los chicos del CBTA montando todo lo que es la agricultura sustentable. Ellos tienen que hacer todo el descubrimiento de estos probióticos. Entonces los vamos a apoyar en esa dirección”.

Además, Valeria Souza nos cuenta que “Cuatro Ciénegas está pasando por una revolución social dirigida por los niños. Los niños regañan, cambian la manera de ver las cosas en sus abuelos. Y ahora tiene un turismo sumamente exitoso. Entonces los hoteles quieren que el agua siga ahí, quieren proteger el agua, porque si no ¿qué le van a vender a los turistas?”

Pedimos a Valeria Souza que nos contara cómo el trabajo en Cuatro Ciénegas cambió su vida. 

“Pues al involucrarme con la sociedad y lanzarme de cabeza a la conservación. Yo no sabía que yo tenía una voz tan fuerte y tan clara. Yo no sabía el poder que podía yo tener al decir no a la explotación del agua. Y pues toda la familia se involucró en conservar Cuatrociénegas. Y seguimos en esa batalla todos. María [su hija], por ejemplo, desde chiquita empezó a trabajar en la parte de educación a través del arte. Felipe [su hijo] es el que menos se ha involucrado, pero también aporta sus ideas. Ha sido una labor familiar”.

La Academia

El trabajo científico y el trabajo de conservación que ha hecho Valeria Souza en Cuatrociénegas hicieron que en 2019 se convirtiera en la primer mujer mexicana en ingresar a la Academia Americana de Ciencias y Artes de Estados Unidos, en la categoría de Miembro Extranjero Honorario. 

Preguntamos a Valeria Souza qué significaba para ella su ingreso a esta Academia.

“Es un honor, por supuesto. Yo no tenía la menor idea de que merecía ese honor. Es un sentimiento de tremenda humildad el ser parte de este grupo de gigantes donde está Darwin, Humboldt, Einstein y 200 premios Nobel. Y pues está ayudando a tener una exposición hacia Cuatrociénegas. Me han entrevistado todo tipo de medios y eso ha dado el reflector a Cuatrociénegas y de que lo tenemos que salvar ya”.

También le pedimos que nos contara sobre el día que firmó el libro de la Academia, en su investidura de ingreso.

“¡Ay, muy emocionante! Fue en Harvard, en un teatro antiguo muy bonito. Yo creo que éramos 150 o 180 gentes los que firmamos. Pero la mayoría son americanos y son desde científicos hasta políticos, empresarios, escritores, periodistas, artistas. La mayor parte son americanos y solamente un 10% éramos extranjeros. Entonces fue muy emocionante. Tenía yo permiso de cuatro boletos, entonces fue mi familia, que son mis dos hijos, mi marido y mi mamá.

Mi mamá estaba al borde de las lágrimas. Y mis hijos orgullosísimos con mi marido. Sí fue un momento de gran orgullo, de representar a México con mi huipil”.

La donadora

Además del trabajo de conservación que Valeria Souza hace con los estudiantes de bachillerato, en conjunto con Pronatura Noreste AC lanzaron una donadora con el objetivo de juntar dinero para la conservación de Cuatrociénegas. La meta de la donadora es juntar 35 mil dólares para hacer un estudio hidrológico que indique la mejor manera de recargar las pozas del valle, cerrar el canal de Saca Salada y cubrir los gastos legales de las personas que van a cerrar el canal. 

Para finalizar nuestra conversación con la Dra Valeria Souza Saldívar, le pedimos que nos hablara sobre lo más importante que podemos aprender de Cuatrociénegas.

“Yo creo que la lección más importante de Cuatrociénegas es que sobrevivió. La lección más importante del planeta es que la vida sobrevivió. Tal vez en Marte hubo vida y no sobrevivió, si sobrevivió es poca y está entre las piedras. Nosotros para sobrevivir también tenemos que trabajar con nuestro entorno. En lugar de andar destruyendo todo a nuestro camino, si le ayudamos a la naturaleza a sobrevivir al mismo tiempo que nosotros, nos va a ir mejor. Es decir, si fomentamos la protección de los bosques, de los ríos, de los mares, todo va a estar mejor. No somos los dueños del universo, solamente somos parte del entorno. Entonces tenemos que vivir de otra manera”.

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Ilustración y diseño de portada: Alma Ríos
Tania Chacón Ortiz

Tania Chacón Ortiz

Ciudad de México, 1994. Miembra de la 2a Generación de la Red Latinoamericana de Jóvenes Periodistas. Busca aportar a la lucha por la conservación, la justicia ambiental y contra la crisis climática desde el periodismo. Sus días favoritos son en los bosques como voluntaria para su conservación.

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