Esta crónica forma parte de una alianza entre Distintas Latitudes y la Universidad Tadeo Lozano de Bogotá, Colombia. El objetivo es brindar un espacio de publicación a los jóvenes talentos que inician sus pininos periodísticos.


Texto y fotografías: Laura Daniela Rey Acosta (Bogotá, 1998).

Aquel 18 de marzo, por un momento la habitación donde todo ocurrió se tiñó de color rojo; un rojo sangre. El espacio decorado con telas carmesí se transformó en una carpa roja, bajo la cual un grupo de mujeres convergió para encontrarse con su interior y así compartir la sabiduría de reconciliar y reconfigurar el periodo más denostado en la vida de una mujer: la menstruación.

El encuentro sucedió en una casa en el barrio de San Fernando al oeste de Cali, Colombia. Era un día caluroso, de esos en los que desde las nueve de la mañana el calor invade las calles y hace que te arda la piel si no estás a la sombra. Soportando aquel sofoco, ocho mujeres —que vestían algún accesorio de color rojo; símbolo de unidad, me explicarían despuésaguardaban a las afueras de la vivienda que de la puerta colgaban campanas de viento y atrapasueños. Las mujeres esperaban la llegada de Mónica Home, gestora de la iniciativa Carpa Roja Colombia, un espacio “sagrado femenino” para compartir la sabiduría de la naturaleza cíclica o menstruación y la celebración de las diferentes etapas de la vida de una mujer.

Porque la Carpa Roja es muchas cosas a la vez: un útero o un lugar de reunión para mujeres; pero también un estado mental y emocional.  

Mónica Home es una mujer alta, de cabello largo y crespo, que ese día adornó con una rosa roja de un material similar a la tela una de sus flores favoritas, me diría—, todo en compaginación con su vestimenta roja. Luego de saludar a cada una de las mujeres que la esperaban; con una sonrisa que parecía imborrable, Mónica les pidió que la ayudaran a bajar algunos implementos de la camioneta en la que llegó. Entre todas atendieron. Después, subieron todo hasta el segundo piso de la vivienda y lo colocaron en un cuarto de doce metros cuadrados, aproximadamente. Las paredes estaban pintadas con colores rosa y blanco. Mónica, aún sin dejar de sonreír, comenzó a sugerir ideas para la organización de la habitación. Las mujeres arreglaron el cuarto de color rojo, sin descuidar los detalles.

En poco tiempo, la habitación se convirtió en una especie de templo rojo aislado del resto del lugar. El techo bajó unos 10 centímetros, pues un velo rojo en forma de carpa cumplió con ese papel. Una de las paredes fue adornada con la imagen de Lakshmi figura considerada en la India como la fuerza creadora de la vida, impresa en una tela de color negro con diferentes gamas de rojo. En el centro de la habitación, Mónica instaló sobre una manta roja un tejido de colores fuertes en el que reposaban una vela y un sahumador.

Bajo el manto rojo se realizó una limpieza de la mente, del corazón y del vientre, según explicaron las mujeres, a través del calentamiento de una masa de textura similar a la resina, proveniente del copal, la cual se cree que tiene bondades espirituales y curativas especiales, y que fue colocada en el sahumador y que durante toda la experiencia emanó un penetrante olor.

Después, las mujeres rodearon el pequeño altar. Mónica, de pie, les brindó la posibilidad de pedir algo a cada punto cardinal: el Oriente representa el nacimiento; el Sur la medicina de las mujeres, siendo ésta una vocación o una labor en la vida; el Poniente u Occidente la sanación, proyectada hacia los familiares o las personas del entorno cercano, y el Norte las ancestras, su fuerza y valor. Así, acompañadas del sonido de una maraca decorada con una pluma, entonaron una canción por cada punto cardinal.

“Espíritu del viento llévame a casa, espíritu del viento llévame”, entonaron.

Era la letra de una de las canciones que busca introducir a cada participante en una experiencia interna. La idea es que, a medida que se repetía la frase, cada persona debía interiorizar y pedir sus deseos a cada elemento asociado a los puntos cardinales.

La comodidad y la autoconfianza se apoderaron de cada participante. La voz tenue de Mónica les pidió que cerraran los ojos para iniciar la reactivación del útero; una especie de meditación que busca que cada mujer se conecte con su interior, para a partir de allí trabajar la autoestima y el autoconocimiento, explicó Mónica.

Uno de los principales objetivos de este proyecto es la aceptación y el agradecimiento de la conexión que existe entre cada mujer y el universo mediante el sangrado menstrual.

“El único sangrado que no es producto de actos violentos”. “La sangre que entrega vida”, dijeron.

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Carpa Roja, además de buscar una conexión de cada mujer con su útero, también ha ayudado en la salud a algunas mujeres, así lo describe Diana Villota, quien cuando ingresó por primera vez a una reunión de este tipo, lo hizo con el objetivo de iniciar un proceso de sanación en su útero, el cual, dice, tenía miomas (tumor benigno y no canceroso). Con el paso del tiempo en este proyecto evidenció cómo sus periodos menstruales fueron menos abundantes y llegó a experimentar una leve mejoría en cuanto a su problema. Ahora, siente que su Norte es la orientación y el apoyo hacia otras mujeres que podrían estar atravesando por una etapa similar a la que ella vivió.

Carpa Roja Colombia, como organización femenina, participa en la convocatoria de la mesa territorial de mujeres, un espacio en donde se reúnen diferentes comunidades, se discuten panoramas políticos y se realiza activismo en temas de género. Además, han tenido presencia en importantes eventos como el Primer Festival du Féminin, realizado en Colombia durante el mes de mayo de 2017. De igual forma, la organización ha sido gestora del Primer Festival de Carpa Roja Colombia, un encuentro en el que participaron varias agrupaciones de este tipo y en donde se compartieron diversos talleres gratuitos sobre el tema.

Otra de las fuentes de origen del proyecto del cual Mónica es gestora en Cali, según la Historia de Carpa Roja Colombia, son los Ridikis, lugares donde las niñas realizan su proceso de transición: cuando llega su primera menstruación. Este espacio se delimita para que las mujeres en este proceso puedan descansar y conectarse consigo mismas, para que vivan su propia ceremonia en el momento de su sangrado. Lina Salas, integrante del colectivo Carpa Roja Colombia, define estos lugares como espacios de sanación y de escucha entre mujeres. “Encontrar un lugar en donde puedes hablar, sin tapujos, de todo lo que no hablas normalmente, me resulta muy sanador. Tu vida se va transformando porque empiezas a vivir de una manera consciente, y sin quererlo empiezas a aceptar tu edad como venga. En últimas, no hay afanes de nada”, confesó.

El requisito más importante que debe cumplir un lugar para que allí ocurra la iniciativa Carpa Roja, es que sea un lugar lleno de tranquilidad, con el silencio suficiente para permitir la conexión de cada mujer con su útero y con su interior. Según la Historia de Carpa Roja Colombia, éstas “han nacido y se proyectan como espacios fijos o itinerantes de encuentro para y por mujeres”.

En ciertas culturas, la menstruación se ha estigmatizado como un tabú del que es mejor no hablar, algunos, de hecho, asocian el ciclo menstrual con la limpieza y la suciedad. Esta creencia lleva a muchas mujeres a pensar que su sangrado no es digno de comunicarlo, y otras prefieren ocultarlo antes de enfrentarse al rechazo. Según el artículo “La menstruación es importante… Es reglamentaria” realizado por Unicef: “en lugares como Sierra Leona, llevan a cabo una serie de investigaciones sobre la higiene menstrual, las cuales descubrieron que muchas niñas estaban preocupadas por ir a la escuela cuando tenían el período, pues pensaban que los niños se burlarían de ellas”.

El mismo estudio asegura que “las mujeres pasan 3 mil días de sus vidas menstruando. Aproximadamente la mitad de la población femenina mundial (equivalente a un 26% de la población total) está en edad reproductiva y la mayoría tiene menstruaciones que duran entre dos y siete días cada mes”.

Por eso para Mónica, menstruar es vivir, la sangre de la menstruación es muy significativa, indica fertilidad, naturaleza femenina y evidencia que su cuerpo está sano. Estas afirmaciones concuerdan con el pensamiento de Kelly Barreto, también perteneciente al colectivo de Carpa Roja Colombia: “Menstruar es pasión, alegría, vida y vitalidad. Es una conexión. Cuando la sangre llega y la quieres, ella te da alegría. Siento que es un renacer”.

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La meditación profunda terminó, cuando Mónica invitó a las participantes a abrir los ojos. Un ambiente tranquilo se percibía, pues sólo el sonido de los pájaros afuera de la ventana podía escucharse con total claridad. La voz de Mónica hizo que cada mujer regresara de la concentración. Después se permitió compartir las experiencias a voluntad, y entre lágrimas e historias se contaron unas a otras las diferentes situaciones que las hacían estar debajo del mismo velo rojo.

La reunión iba llegó a su fin. Mónica le daba a cada asistente una vela, la cual debía pasar primero por el humo que seguía saliendo del copal, para después encenderla con una de las velas que ya se encontraban en el altar. Cada mujer encendió su vela y guiadas por la voz de Mónica, realizaron unas últimas peticiones y agradecimientos. Así terminó la experiencia de la Carpa Roja y aquel lugar, poco a poco, volvió a hacer el de antes.

 


Laura Daniela Rey Acosta nació en Bogotá, Colombia. Es estudiante de comunicación social y periodismo. Le interesan los temas sobre conflictos armados, narcotráfico y sustancias psicoactivas.