Xenofobia, crisis económicas e inseguridad versus cercanía, oportunidades de crecimiento y menos violencia. Los flujos migratorios en Latinoamérica llegan a destinos que, aunque para muchos son cuestionables, para otros, especialmente para las personas migrantes, representan mejores alternativas que quedarse en casa.


 

Texto: Lilia Balam (México), Astrid Morales (Guatemala), Julett Pineda (Venezuela),
Milena Arce (El Salvador), 
Johanna Osorio Herrera  (Venezuela)

Fotos: Iván Reyes  (Venezuela)

Mexicanos que cruzan —o intentan cruzar— la frontera estadounidense pese a las severas políticas migratorias; venezolanos que emigran a Perú, sobreponiéndose a la creciente xenofobia; cubanos y haitianos que se desplazan desde el Caribe hacia la convulsa Latinoamérica para asentarse o para luego seguir su camino hacia el norte en busca del sueño americano; centroamericanos que huyen de la violencia refugiándose en México, donde tampoco están exentos de esta. ¿Por qué estos países son destinos pese a tener sus propias dificultades? 

El equipo de Distintas Latitudes realizó un análisis de datos con las variaciones entre los flujos migratorios regionales de 2015 y 2020 basado en cálculos y estimaciones del departamento de población de la Organización de las Naciones Unidas— para entender de dónde vienen y hacia dónde van las personas migrantes, así como también lo que dejan atrás y lo que esperan tras alcanzar su destino. 

En América Latina, esta investigación  identificó un claro cambio en los patrones migratorios. Si bien para 2015 Argentina, Chile, Brasil, Ecuador y Paraguay representaban los destinos predilectos de estos flujos migratorios, en 2020 Argentina, Colombia, Chile, Perú y Ecuador pasaron a convertirse en los cinco destinos principales. ¿Qué provocó este cambio? ¿Qué similitudes comparten estos países receptores? A excepción de Chile, todos tienen una proximidad geográfica con Venezuela. 

Aunque las restricciones de movilidad para contener el contagio de la covid-19 han ralentizado la migración en la región, no han logrado detener los desplazamientos por completo. 

Las personas migrantes venezolanas, quienes para 2015 alcanzaban apenas los 394 mil 453 en todo el continente, llegaron a superar los 4 millones 800 mil al cierre del 2020, según estimaciones de la ONU. Hasta el pasado 5 de febrero de 2021, el número de migrantes venezolanos en el mundo ascendía a 5 millones 478 mil 377, de acuerdo con datos de la Plataforma de Coordinación para Refugiados y Migrantes de Venezuela

La migración venezolana cambió los destinos tradicionales de la región y convirtió a las naciones vecinas en los nuevos receptores de migrantes de la región.

Si nos desplazamos unos kilómetros hacia el norte, la situación no ha variado tanto en el último lustro. Los destinos de los migrantes no han cambiado significativamente en Centroamérica desde 2015. 

En los últimos años, México, Costa Rica, Panamá, Guatemala y Belice lideran la lista de países receptores. Sin embargo, el número de migrantes recibidos sí ha aumentado, motivado, principalmente, por el desplazamiento de venezolanos. 

Únicamente en el caso de México, el incremento no se atribuye solo a migrantes de este país, sino también a quienes se desplazan desde El Salvador, Honduras y Haití. Personas que huyen de la violencia extrema en el Triángulo Norte o de la pobreza en el Caribe, ya no ven a México como un país de tránsito, sino como el anhelado destino.

Cálculos de esta investigación, basados en estimaciones del Departamento de Población de la ONU,  evidencian que la población de salvadoreños aumentó 54% entre 2019 y 2020, mientras que la de hondureños creció 153% durante el mismo período. Sin embargo, la migración más pronunciada en ese tiempo fue la de los haitianos, que registró un incremento de 872%.

La migración silenciosa de caribeños se hace cada vez más evidente en los países de la región ante las crecientes políticas migratorias que dificultan el paso hasta norteamérica sin hacer escalas.

Pese a este obstáculo, alimentado en los últimos años por el discurso xenófobo del expresidente Donald Trump, Estados Unidos continúa siendo el mayor receptor de migrantes latinoamericanos, mientras que México sigue a la cabeza como país de origen.

Todos estos destinos, ya sea que estén en el norte, en el centro o en el sur, llevan a cuestas sus propios problemas económicos, sociales, de inseguridad y de discriminación. Sin embargo, sus condiciones siguen siendo mejores que las de los principales países productores de migrantes: Venezuela, El Salvador, Honduras y Haití. 

“La razón por la cual la gente sigue yendo a países donde han sido históricamente discriminados —yo me permitiría decir que no solamente han sido discriminados, sino donde se les viola de manera consistente sus derechos humanos, sus derechos universales— es porque hay una cuestión que llamamos en ciencias sociales la subjetividad o el subjetivismo, a través del cual la gente entiende la relación, por decirlo así, economicista, costo-beneficio”, explicó a Distintas Latitudes el Dr. Enrique Javier Rodríguez Balam, antropólogo e investigador de la UNAM.

“Cuando tienes ese contexto de pobreza, segregación, de exclusión, donde has tenido décadas de sufrimiento, donde tu contexto es muy doloroso… pasar por procesos de discriminación no es que sea deseable ni aplaudible, pero cabe dentro de lo que la gente considera que es un costo que están dispuestos a pagar. Consideran que aún así, por triste que eso suene, es mucho mejor que el lugar de donde están saliendo, el lugar de origen”.

El antropólogo guatemalteco Joel López Muñoz coincide con Rodríguez Balam y subraya que la subsistencia es lo que está en jaque para estos migrantes. “Pones en balance las cosas: si en tu país no puedes salir después de las 9:00 pm porque te pueden matar, no le puedes dar la cuota calórica alimenticia diaria a tus hijos o no tienes ni con qué vestirte. No es por un lujo o un placer que surgen las migraciones, sino es porque te estás jugando la subsistencia, te estás jugando la vida”, dice. 

En pocas palabras: los países receptores son destinos porque, pese a todas sus precariedades, ofrecen una mejor vida en un lugar cercano a casa. También ofrecen más seguridad, oportunidades de empleo, mejores salarios o un mejor estado de derecho, o todas las opciones anteriores.

“Las emociones fundamentales y más grandes de todo ser humano son el miedo y la esperanza”, dice López. “El miedo a no sobrevivir y la esperanza de tener una vida mejor”.

Las historias que Distintas Latitudes presenta a continuación ponen rostro al miedo y a la esperanza a la que se refiere López. 

Se trata de las historias de Carlos, un ingeniero mexicano que emigró con su esposa a Estados Unidos huyendo de la violencia; Raúl y Marleidy, una pareja de periodistas que salió de Cuba para evadir la censura y buscar una mejor calidad de vida, y Andrea, una artista venezolana que encontró en México un lugar para crecer pero no para quedarse. 

En este especial, Distintas Latitudes cuenta por qué algunos lugares, pese a no ser perfectos, son la mejor alternativa para millones de personas migrantes en toda la región, quienes llevan a cuestas su hogar, sus sueños y sus pesares.

El incansable “sueño americano”

Pese a sus restrictivas políticas migratorias, Estados Unidos sigue siendo el destino más anhelado por la mayoría de los migrantes regionales. Huyendo de la violencia, de la pobreza, o de ambas, miles de personas se siguen desplazando al país norteamericano legal o ilegalmente en busca de una mejor calidad de vida.

Carlos Bolaños es uno de estos miles. Después de que él y su esposa fueran víctimas de la inseguridad en Guadalajara, decidieron buscar tranquilidad en el país vecino.

 

Migrar cerca, vivir mejor

Los flujos migratorios de venezolanos modificaron los destinos predilectos en Suramérica. A excepción de Argentina, los nuevos destinos frecuentes son los países más cercanos a Venezuela. 

Pero los venezolanos no son los únicos que emigran en el sur. Los caribeños se han visto obligados a diversificar sus destinos ante las políticas migratorias estadounidenses. Algunos de forma temporal, otros de forma definitiva. 

Raúl y Marleidy, ambos periodistas, salieron de Cuba para evadir la censura y para vivir mejor. En Perú, pese al convulso 2020, encontraron lo que tanto anhelaban: calma.

 

Mismos destinos, más migrantes

México es el país que registró el mayor aumento en la recepción de migrantes centroamericanos entre 2015 y 2020. Las personas procedentes de El Salvador y Honduras siguen ocupando los primeros lugares de los flujos que llegan al país. Sin embargo, los venezolanos empiezan a cobrar una mayor presencia.

Andrea, artista y dramaturga, se mudó a México tras padecer situaciones de violencia en Venezuela. La búsqueda de tranquilidad la motivó a migrar. Y aunque consiguió un lugar donde crecer, sus raíces se cortaron cuando abandonó el país. El desarraigo es un sentimiento que siempre le acompaña.

 

 

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Este contenido fue parte de un reto periodístico asignado a la 5ta generación de la #RedLATAM de Jóvenes Periodistas. Aquí puedes leer el especial completo sobre migración.

 

Diseño de portada: Rocío Rojas (Perú).

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