En un texto llamado Madres simbólicas del feminismo, Graciela Hierro denominó, de manera elocuente y justa, a Rosario Castellanos como la madre y maestra del feminismo contemporáneo en nuestro país (Hierro, 2002: 37), lo cual no es menor cosa, tomando en cuenta la invisibilización patriarcal de las mujeres como sujetas históricas. Graciela Hierro nos recuerda lo importante que es otorgar autoridad a las mujeres y por lo tanto, nos recuerda también la necesidad de hacer genealogías de las abuelas, madres e hijas de los movimientos sociales que buscaron o buscan mejorar las condiciones de vida de las mujeres, o que simplemente encabezan o retroalimentan a un movimiento o propuesta política.

De esta forma es imperante desmarcar la participación política de las mujeres de la de los hombres, y esto no en un afán de restar reconocimiento a ellos, sino de romper con el respaldo vicario que a nuestra participación política[1] exige el patriarcado. De esta forma, expondré cómo el liderazgo político de la profesora Rita Cetina Gutiérrez sirvió de base para el posicionamiento del movimiento feminista en el estado de Yucatán, México.

En 1846 se estableció en Mérida la primera escuela pública para niñas, hecho que contrastó con el panorama de la educación para las mujeres,  ya que hasta entonces sólo existían algunas escuelas privadas dirigidas a éstas, administradas también, normalmente, por mujeres autodidactas. A este esfuerzo se sumó, en 1870, la fundación de la sociedad feminista llamada La Siempreviva, encabezada por Rita Cetina Gutiérrez, poeta desde 1860 y profesora (Macías, 2002: 81).

La Siempreviva tenía por objetivo consolidar la educación de las niñas y las mujeres y obtuvo recursos para el establecimiento de una nueva escuela, que abrió sus puertas el 3 de mayo de 1870 y tomó el nombre de la sociedad feminista (Macías, 2002: 81). La Siempreviva funcionó de manera privada hasta 1886, cuando se fusionó con el Instituto Literario de Niñas auspiciado por el gobierno (López, 2007: 12); así mismo, La Siempreviva fue la primera escuela que proporcionó educación a nivel secundaria a niñas y a mujeres en Yucatán (Macías, 2002: 81).

De la mano de Gertrudis Tenorio Zavala y Cristina Farfán, Rita Cetina Gutiérrez matriculó a 60 estudiantes para comenzar las clases en La Siempreviva, y diseñó un programa educativo que incluía en el nivel básico lectura, escritura, costura, gramática y aritmética; a nivel superior se contemplaban cursos de geometría, geografía, derecho constitucional, astronomía, música y oratoria. Para 1877, La Siempreviva contaba con 218 estudiantes; en 1902, año en que Rita Cetina se retiró por motivos de salud, con 550  (Macías, 2002: 82).

El mismo día que La Siempreviva fue inaugurada, sus asociadas publicaron el primer número de un periódico que llevaba el mismo nombre. Rita Cetina Gutiérrez era la editora responsable. Al parecer la profesora se inclinó por apoyar a niñas pobres porque debía su educación a un benefactor que ayudó a su familia cuando asesinaron a su padre en 1860, al contar ella con apenas 14 años (Macías, 2002: 83).

En 1916 Yucatán era gobernado por Salvador Alvarado y ese mismo año, en enero, se llevó a cabo en la entidad el Primer Congreso Feminista de nuestro país. Buena parte de los recorridos históricos sobre el Primer Congreso Feminista en México otorgan a Salvador Alvarado la autoría del evento, sin embargo, Artemisa Sáenz Royo señala en su obra, Historia política-social-cultural del movimiento femenino en México, 1914-1950, que originalmente la idea de organizar un congreso feminista en Yucatán fue de Hermila Galindo, y aunque Galindo nunca se adjudicó tal aportación (Macías, 2002: 95) y corroborar el hecho es una tarea con poca viabilidad, bien podría ser un caso de expropiación[2] de las ideas creadas por las mujeres.

Los motivos por los que Salvador Alvarado permitió que se realizara el Primer Congreso Feminista, sin omitir sus hipotéticas convicciones sobre la emancipación femenina, pueden ser cuestionados ante la coyuntura política y la necesidad de obtener votantes, posiblemente de ahí su interés por promover la reforma al Código Civil de Yucatán, propuesta en el primer Congreso Feminista, y así obtener el derecho de las mujeres al sufragio; discutir sobre dicha reforma fue el principal objetivo del Segundo Congreso Feminista, convocado por el mismo Alvarado (Macías, 2002: 104-105). Cabe decir que no deseo minimizar las aportaciones de Salvador Alvarado o cuestionarlas arbitrariamente, sino romper con el lazo vicario del entonces gobernador y la participación política de las mujeres de aquella época.

Bien, expuesto lo anterior, ¿qué relación posee La Siempreviva con el Primer Congreso Feminista en México? Para contestar esta pregunta debo esbozar las aportaciones de la sociedad feminista.

Yucatán se distinguió por ser una entidad con grandes avances en la educación de hombres y mujeres: en 1910 tenía una alfabetización del 59%, uno de los más altos del país en ese momento, o sea, de un total de 339 613 habitantes, 74 063 leían y escribían en español y 3080 podían leerlo; en el estado había 430 escuelas oficiales y 14 privadas, 62 026 estudiantes, 34 968 eran hombres y 27 058 mujeres (Macías, 2002: 83).

Sin embargo, no es coincidencia que tras la apertura de La Siempreviva hubiera profesoras en la Escuela de Jurisprudencia y en la de Medicina, quienes, por cierto, expresaban abiertamente estar a favor del feminismo. Entre 1910 y 1915, ocho estudiantes de la Escuela de Derecho presentaron tesis sobre el divorcio y la emancipación jurídica de las mujeres (López, 2007: 12).

El comité organizador del Primer Congreso Feminista en México estaba encabezado por Consuelo Zavala y Castillo, quien dedicaría su vida profesional a la docencia durante el siglo XX y que había sido alumna en La Siempreviva (Macías, 2002: 98). Consuelo Zavala organizó el Congreso en tan sólo dos meses (Macías, 2002: 98).

El Primer Congreso Feminista, desde luego, rindió frutos y fue la antesala para que liderazgos femeninos emanaran. Rosa Torres, participante del congreso, es la primera mujer en la historia de nuestro país que ocupó un cargo de elección popular, como Presidenta del Consejo Municipal de Mérida en 1922[3].

Por otro lado, Elvia Carrillo Puerto nació en Motul, Yucatán el 6 de diciembre de 1878. Rita Cetina Gutiérrez  inspiró su interés por la emancipación de las mujeres, ya que Elvia Carrillo era asidua lectora de La Siempreviva[4].

Durante el gobierno de su hermano Felipe, de 1922 a 1924, Elvia Carrillo Puerto coordinó la formación de Ligas Feministas, formadas principalmente por campesinas y obreras. Para 1923 Elvia Carrillo Puerto funda la Liga Rita Cetina Gutiérrez, constituida a su vez por 45 Ligas Feministas, agrupando a 5500 militantes.[5]

Junto a Rosa Torres, Elvia Carrillo Puerto propuso una iniciativa para el mejoramiento intelectual de las mujeres, mediante la creación de escuelas nocturnas para obreras y la organización de bibliotecas para mujeres; la propuesta fue aprobada por el congreso.[6]

La participación política de Elvia Carrillo Puerto la llevó a ocupar un cargo público:

“En 1923, durante las elecciones a las legislaturas locales, el Partido Socialista propuso a tres mujeres como candidatas a diputadas y una para suplente: Elvia Carrillo Puerto, Beatriz Peniche, Raquel Dzib Cicero y Guadalupe Lara que triunfaron en los distritos donde se presentaron. Elvia Carrillo Puerto aceptó figurar como candidata a diputada por el distrito de Motul. La victoria fue efímera, ya que al perder Carrillo Puerto el control político, las mujeres fueron destituidas y durante el resto de la década no volvió a hacerse referencia a la inclusión de la mujer en política” (Derechos de la Mujer mexicana, 1969).

Elvia Carrillo Puerto estaba convencida de que la incorporación total de las mujeres al campo laboral les proporcionaría recursos para una mayor participación política y económica.[7] 

Conclusiones. Claves feministas para reconocer la autoridad histórica y política de las mujeres.

Podríamos adherirnos a la idea de Marcela Lagarde acerca de que las mujeres adquieren autoridad por el simple hecho de pensar y actuar de una manera diferente de la impuesta desde el deber ser para ellas (Lagarde, 1999: 22). Las asociadas de La Siempreviva expresaron sus limitaciones, como jóvenes pobres y desprovistas de recursos cuantiosos, sin embargo, el simple hecho de pensar que las niñas tenían derecho a la educación con el objetivo de mejorar sus condiciones de vida, coloca a estas mujeres como protagonistas y autoras de un movimiento social feminista: La Siempreviva se articuló como institución educativa; dio espacio en un periódico para que mujeres expusieran sus trabajos literarios, políticos e históricos; La Siempreviva fue un referente y aliciente potente para crear liderazgos históricos y políticos en Yucatán, comenzando por el de Rita Cetina Gutiérrez, Cristina Farfán y Gertrudis Tenorio Zavala, y llegando al de Consuelo Zavala y Castillo, Rosa Torres y Elvia Carrillo Puerto.

Una clave para la identificación positiva del liderazgo de las mujeres es el desarrollo de una filiación de género, es decir, el desarrollo de una genealogía femenina que dé cuenta de las ancestras de las mujeres, para que sepan de dónde vienen y tengan una memoria afirmativa del pasado como punto de referencia para el presente y el futuro; también para ampliar la autoestima individual y colectiva (Lagarde, 1999: 32). Esta clave se transmite en una sencilla afirmación positiva de género: si una mujer tiene autoridad, simbólica y material, las demás la tienen.

Otro desafío crucial de los liderazgos femeninos es el de la incorporación de las mujeres al espacio público, al espacio de la toma de decisiones, con transformaciones de género, para entonces no sólo incluir a las mujeres, sino también para incluirlas sin desventajas (Lagarde, 1999: 30).

 

 

Referencias.

Cervantes, Erika. Elvia Carrillo Puerto, defensora de los derechos políticos de las mujeres, en www.cimacnoticias.com

Hierro, Graciela (1985): Ética y feminismo. México, Facultad de Filosofía y Letras, UNAM.

Hierro, Graciela (2002): Madres simbólicas del feminismo en México, en Gutiérrez Castañeda, Griselda. Feminismo en México. Revisión histórico-crítica del siglo que termina. México, Programa Universitario de Estudios de Género, UNAM.

Lagarde, Marcela (1996): Género y feminismo: desarrollo humano y democracia. Madrid, Horas y Horas.

Lagarde, Marcela (1997): Claves feministas para el poderío y la autonomía de las mujeres. Managua, Puntos de Encuentro.

Lagarde, Marcela (1999): Claves feministas para los liderazgos entrañables. Managua, Puntos de Encuentro.

Lagarde, Marcela (2005): Los cautiverios de las mujeres. Madresposas, monjas, putas, presas y locas.  México, UNAM.

López Hernández, Lilia Julieta (2007): Historia de la mujer en México. Revista Mujeres, Derecho y Sociedad, enero del 2007, año 3, número 5, en http://www.mdemujer.org.mx/femu/revista/0305/0305art02/art02pdf.pdf

Macías, Anna (2002): Contra viento y marea. El movimiento feminista en México hasta 1940. México, Programa Universitario de Estudios de Género.

 



[1] Es importante aclarar que en este texto se entiende por participación política de las mujeres toda acción vindicatoria de la condición y situación de género de las mujeres.

[2] Teresita de Barbieri utiliza el término expropiación para referirse a la apropiación patriarcal que se hace de todo aquello que surge del cuerpo de las mujeres, como las hijas y los hijos, las ideas o el cuerpo mismo. Este planteamiento fue desarrollado en un diálogo, el 3 de febrero de 2010,  entre Teresita de Barbieri y Marcela Lagarde durante la conferencia inaugural de la octava promoción del diplomado internacional El Feminismo en América Latina: aportaciones teóricas y vindicaciones políticas, organizado por el CEIICH de la UNAM.

[3] Tomado de En todos los ámbitos las mujeres han tenido que hacer valer su derecho, en www.cimacnoticias.com Consultado el 22 de diciembre de 2011.

[4] Tomado de Cervantes, Erika. Elvia Carrillo Puerto, defensora de los derechos políticos de las mujeres, en www.cimacnoticias.com Consultado el 22 de diciembre de 2011.

[5] Obtenido de la Biblioteca Virtual de Yucatán, en

www.bibliotecavirtualdeyucatan.com.mx/detalle_obra.php?idlibro=70  Consultado el 16 de diciembre de 2011.

[6] Obtenido de la Biblioteca Virtual de Yucatán, en

www.bibliotecavirtualdeyucatan.com.mx/detalle_obra.php?idlibro=70  Consultado el 16 de diciembre de 2011.

[7] Obtenido de la Biblioteca Virtual de Yucatán, en

www.bibliotecavirtualdeyucatan.com.mx/detalle_obra.php?idlibro=70  Consultado el 16 de diciembre de 2011.